diseño emergente

Rossana Orlandi

En cada edición del Salón de Milán, hay un lugar al que diseñadores, creativos, aficionados y coleccionistas peregrinan con absoluta devoción. No, no se trata de ningún Palazzo ni instalación de autor en el programa oficial de la feria. Estamos hablando de una antigua fábrica de corbatas escondida tras una anodina puerta de madera y atravesando un coqueto (aunque algo destartalado, voluntariamente, eso sí) restaurante. Es la galería y el restaurante de Rossana Orlandi, un personaje atípico de la escena del diseño emergente a la que todo el mundo dice (¿finge?) conocer.

Resulta difícil describir quién es pero sobre todo a qué se dedica esta excéntrica septuagenaria, de mínima estatura, grandes gafas blancas (que, por supuesto, vende en su galería) y fuerza sobrenatural para descubrir talentos e influir sobre la escena milanesa del diseño emergente. Orlandi nació en una familia dedicada a la producción textil en Cassano Magnago, una tranquila población cercana a Milán. De la mano de su hermana mayor, Susy Gandini, accedió al mundo de la alta moda parisina, algo que desencadenó su pasión por la creatividad. Orlandi estudió diseño textil y, durante más de dos décadas, fue consultora de firmas como Kenzo, Issey Miyake, Jean Paul Gaultier o Giorgio Armani, con quién formó una duradera amistad, según el excelente perfil que le dedica la revista Surface.

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El espacio exterior de la galería, donde se realizan cenas y eventos, suele estar desbordado durante la semana de la Feria del Mueble de Milán.

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Tras un año sabático, hace exactamente 15 años descubrió la ahora famosa fábrica de corbatas de la Via Matteo Bandello y decidió que aquello sería una galería y su programación y mantenimiento su nueva actividad profesional. De esta forma, espontánea e imprevisible, como la propia Orlandi, nacía el Spazio Rossana Orlandi. Se trata de un pequeño edificio de cinco mil metros cuadrados repartidos en tres plantas que además de la galería acoge el mencionado restaurante Pane e Acqua. “La galería de Orlandi es el mejor ejemplo de eso que llamamos lifestyle: una cohesión perfecta de diseño, cultura, arte, comida, incluso naturaleza. Para mí es como un retiro, un lugar donde recomponer mente, cuerpo y alma durante el ajetreo de la semana del diseño”, resumía la diseñadora Jenni Carbins, del estudio británico Matilda, en una entrevista a How to Spend It hace algunos años.

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Aspecto del interior de la galería Spazzio Rosana Orlandi con una heterogénea muestra de piezas de design-art.

 

Diseño emergente: De fábrica de corbatas a cuna de talentos

Desde su inauguración en 2002, Rossana Orlandi y su Spazio han ido ganando más y más prestigio hasta congregar 30.000 personas durante la semana de la prestigiosa feria. Esta reputación viene del gran olfato de Orlandi, que a lo largo de estos años ha conseguido reclutar a “jóvenes talentos” que, más tarde, demostrarían ser figuras clave para la disciplina en su formato más creativo y genial. Todo ello a la vez mantiene una línea completamente heterodoxa, casi caprichosa, que solo responde a un principio: son creativos que despiertan el interés y la curiosidad de esta peculiar diva. “Creo que mi estilo es ecléctico, curioso, y que eso afecta a las decisiones que tomo para la galería. Me considero una cosmopolita y siento que me influyen los estilos de varias de las ciudades que visito. Para mí, lo más importante es ser receptiva a lo que veo en la calle, en la gente que me rodea, en casa de un amigo o en las revistas. Es algo que he aprendido durante los años que trabajé en la moda”, explicaba la propia Orlandi en una entrevista sobre su peculiar estilo y proceso de trabajo.

Lo cierto es que no falla: Nacho Carbonell, Maarten Baas, Piet Hein Eek, Jaime Hayon, Front Design, Formafantasma… Y así hasta medio centenar de diseñadores y estudio de todo el mundo a los que Orlandi representa para sus proyectos más personales e ideas más alocadas. “Me gusta trabajar con personas que autoproducen sus obras y mantienen el encanto y la fascinación de la creación artesana, sin las limitaciones de la producción industrial”, contaba la comisaria y galerista en esa misma entrevista a una publicación africana. En ese sentido destaca la colaboración con “diseñadores artistas” (que crean objetos cotidianos pero totalmente alejados de lo convencional e incluso de toda funcionalidad) como el dúo BCXSY, y sus alfombras tan rústicas como asimétricas, las esculturas de rejilla de Benedetta Mori Ubaldini o la locura de aires de victorianos de los collages de objetos de Jamesplumb, entre otros artistas en la “plantilla” de la galería. 

Eso sí, no olvida la viabilidad económica. “Elijo obras que me gustan pero también que pueden ser exitosas desde un punto de vista comercial.  Disfruto ayudando a los diseñadores en el proceso y discutiendo las diferentes opciones de producción con ellos”.

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El característico “hermoso caos” que se respira en el Spazio es lo que atrae a diseñadores y profesionales del sector, en oposición a la pulcra imagen de las firmas comerciales. 

 

Innegable olfato comercial

Y son muchos los diseñadores que se han beneficiado de la generosa mano de Orlandi. Desde el mencionado Nacho Carbonell, que ha colaborado con la italiana en la producción de piezas únicas nada comerciales, hasta Front Design, que “fue descubierto” por Patrizia Moroso (con la consiguiente larga colaboración del estudio sueco y la firma italiana) en una exposición en el Spazio Orlandi de 2008.  

Es precisamente este olfato para descubrir the next big thing lo que le ha granjeado críticas entre artistas y galeristas milaneses que, no sabemos si fruto de la envidia, denuncian el carácter cada vez más comercial de las exposiciones del Spazio Rosana Orlandi y atribuyen a la italiana un único talento (aunque extremadamente desarrollado): el marketing. Y algo de eso hay, puesto que una de sus mayores admiradoras y amigas, la cool hunter holandesa Lidewij Edelkoort dice de ella: “Ella misma se ha convertido en un personaje… Y le funciona”. No sabemos cuánto de seducción y escenografía y cuánto de olfato hay en el fenómeno Rossana Orlandi, pero sí hemos confirmado que, año tras año, su atestada galería se confirma en el centro informal del Salone.

 

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