RCR arquitectes

Rafael Aranda, Carme Pigem & Ramon Vilalta

El pasado mes de marzo el estudio catalán RCR Arquitectes recibía el Premio Pritzker, reconocidos así como los arquitectos del mundo. La firma, que está formada por Rafael ARanda, Carme Pigem y Ramón Vilalta, constituye una rara avis en el panorama nacional. Con sede en Olot (Girona), los integrantes se han negado abandonar este pequeño municipio (más que para cursar los estudios de arquitectura en la ETSAV -la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallés, otra decisión de mantenerse en los márgenes) y abrir sede en los núcleos tradicionales de la profesión como Barcelona, por ejemplo.

De hecho, su trabajo está íntimamente ligado a esta decisión: por un lado, este aislamiento voluntario les ha permitido desarrollar un lenguaje propio, ajeno a modas y presiones de la profesión. A la vez, el paisaje agreste, de espesos bosques del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa ha sido una influencia constante en su trabajo, que tiene siempre en cuenta el contacto con la naturaleza.

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Los mejores arquitectos del mundo reunidos por el Pritzker

La decisión de quedarse en Olot (aunque una gran parte de su obra está repartida por todo el mundo) les ha aportado una distancia crítica con la arquitectura que les ha permitido crear un camino propio: empezando por la cercanía con los artesanos con los que colaboran pero también por la presencia de la naturaleza y, en general, la relación de la arquitectura con su contexto. Para RCR Arquitectes, edificios e intervenciones deben conectarse con el entorno, con el paisaje, la luz o el clima de un determinado lugar. Prueba de esta fluidez es su propio estudio, el Espacio Barberí. Los arquitectos transformaron una antigua fundición en sus oficinas. En el proyecto, se conservaron elementos originales (como la poderosa estructura de acero o la erosión de determinados muros) que se combinaron con grandes áreas acristaladas con hermosas vistas a la vegetación circundante.

Esa búsqueda de la comunicación ha favorecido una arquitectura personal, donde se apuesta por materiales de aspecto ligero, como el vidrio, pero también por un tratamiento que apuesta por la fragmentación, evitando elementos compactos, cerrados. En palabras de los arquitectos “que nada sea una barrera, que siempre exista fluidez en el espacio, del aire, de la luz…”. Como ejemplo de esta noción, destaca la guardería El Petit Comte (Besalú, Girona). El edificio tiene un patio en central que permite a los pequeños jugar fuera y disfrutar del aire libre en un entorno protegido. Paneles de plástico con degradados en alegres colores permiten que la luz entre en el interior, creando divertidos efectos de color. El mimo y originalidad de esta obra, además, nos da una idea del compromiso social y con la disciplina del estudio, que cuida de la misma forma los grandes equipamientos como las pequeñas intervenciones en espacios públicos.

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Guardería El Petit Compte

Un acercamiento emocional a la disciplina

Desde RCR Arquitectes se apuesta por una aproximación mental y emocional: “La belleza es clave, es algo que hemos buscado desde los primeros proyectos”, explicaba Ramón Vilalta en una entrevista, y para alcanzar ese ideal, además de trabajar las proporciones, las estructuras abiertas y fluidas, es vital la presencia de la naturaleza más allá de lograr unas hermosas vistas. “Queremos aproximar a la persona a los valores de la naturaleza” para lograr esa tranquilidad y paz que se traduce cuando la persona “vuelve a sentir que está en el mundo” y entiende su pequeña escala frente a él, explicaban los arquitectos a un medio recientemente.

El respeto a la naturaleza y la integración en el paisaje guían una de sus primeras obras: el parque atlético de Tossols. La pista de atletismo se sitúa en un claro del bosque, serpenteando entre los árboles. El pavimento se ha teñido de verde para lograr una mejor integración en el paisaje. Un pequeño pabellón contiene dos volúmenes construidos con acero corten que aportan espacio para utilería así como un bar.

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Parque Atlético de Tossols

La transición entre interior y exterior (un aspecto que ha obsesionado a los arquitectos) no debe ser apenas una transición entre planos. En otro de sus más célebres proyectos, las bodegas Bell-Lloc (Palamós, Girona), los visitantes descienden a la bodega a través de un pasillo cubierto de acero. Una vez en el interior de la bodega este material crea un techo abovedado, cuyas grietas permiten la entrada de la luz del sol en este espacio subterráneo.  

De la misma forma, los cambios en la luz son clave en el proyecto para el Museo Soulages (Rodez, Francia), donde hay una comunicación constante entre el entorno y el interior gracias a la luz, que es a la vez un elemento fundamental para disfrutar de la pintura de este artista. Para este proyecto, el trío de arquitectos crearon un itinerario basado en la luz y cómo se tamiza o se intensifica a lo largo del recorrido del museo.

El premio pues reconoce una trayectoria tan atípica como sobresaliente. Se premia el buen trabajo de los arquitectos que, sin estridencias, han creado una serie de edificios, espacios y paisajes basados en el respeto al usuario y al entorno por igual. Una arquitectura emocional y natural al margen de egos y modas.

 

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