Carmen García Huerta es una de las ilustradoras de moda con mayor proyección internacional. Sus dibujos han podido verse en cabeceras de todo el mundo como la edición rusa y japonesa de L’Officiel, el Cosmopolitan francés o Glamour Alemania, entre otras. Ha colaborado con firmas de moda, cosmética y lujo como Louis Vuitton, Yves Saint Laurent, Carrera & Carrera, Lancôme o Max Factor, entre otras, a la vez que desarrolla un trabajo más personal que puede verse en publicaciones independientes y exposiciones artísticas. Afincada en Madrid, García Huerta cuenta con gran reconocimiento internacional, sobre todo tras ser seleccionada como una de los 100 mejores ilustradores internacionales en la prestigiosa edición 100 Illustrators de la editorial Taschen.

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Su trabajo ha llamado nuestra atención, especialmente tras su exitoso trabajo en la campaña para la pasada edición de las fiestas de San Isidro así como la preciosa vajilla Georgica diseñada para la mítica firma de loza La Cartuja de Sevilla, presentada en la última edición de Maison & Objet (París). Su ilustración se caracteriza por el uso de lápices de colores como medio y una precisa atención a los detalles, especialmente en sus retratos, tan bellos como humanos. Charlamos con la ilustradora sobre su técnica favorita, el valor de los detalles y cómo los percibe el público.

Empezaste tu carrera utilizando medios digitales, tu ilustración tenía un estilo distinto. ¿Cómo se produjo el cambio a los lápices?

El cambio se produce de forma gradual y viene causado por una cierta saturación. Trabajé muchos años como ilustradora de moda, y técnicamente hacía dibujo vectorial por ordenador con Illustrator. Y me cansé, así de sencillo. Un poco por cambiar de aires y por salud mental, empecé a dibujar “a mano” con lápices de colores en mis ratos libres. Además, había olvidado por completo cómo dibujar a mano así que por desahogarme empecé a dibujar. No tenía ninguna intención en aquel momento de darle una salida comercial. Yo tenía muy claro que eran dos aspectos distintos, uno profesional que me daba de comer y otro personal. Pero finalmente la obra más personal acabó por profesionalizarse. Que está muy bien, porque significa que mi trabajo lo he ido llevando al terreno que más me satisface. Aunque fue muy gradual, lo empecé a compartir en mi blog, me salió alguna exposición, también mis dibujos aparecieron en algún libro… Y así creo que llegó el encargo de Lancôme. La marca contactó con varios artistas para crear un libro sobre uno de sus productos. Y a partir de ahí fue cuajando este nuevo estilo… ¡y hasta hoy!

¿Es esta técnica lo que te ha vuelto más detallista?

La verdad es que siempre he sido obsesiva de los detalles hasta un punto casi enfermizo. Cuando hacía dibujo vectorial, siempre acababa tirándome horas para acabar un detalle. Es verdad que el resultado es muy distinto al del dibujo más tradicional… Pero es verdad que en los detalles es donde más disfruto y en lo que más tiempo dedico y donde más siento que aporto. En uno u otro estilo. Aunque en lo manual se presta más, por ser un contacto más directo con el papel y el dibujo.

¿Qué rol tienen los detalles en tu trabajo?

Los detalles son un factor determinante para que me apetezca dibujar algo o no. Siempre veo algún elemento al que aferrarme, con el que me puedo aplicar durante horas. ¿En qué detalles me fijo? Pues me gustan mucho retratos así que puede ser el cabello de alguien, arrugas en la cara pero también objetos, como las flores que tienen infinidad de cositas pequeñas y volúmenes en los que recrearme.

¿Y también te fijas en ese aspecto cuando ves obra de otros artistas?

¡Por supuesto! Eso no quiere decir que los otros no sean buenos, también admiro a los artistas rápidos, que son capaces de expresar mucho con un par de trazos. Aunque eso lo miro desde la distancia, puesto que no es mi lenguaje, ni mi forma de hacer… Pero también son interesantes, ¡claro! Y los que son “de mi palo”, detallistas hasta lo obsesivo, pues los disecciono tratando de aprender.

Háblanos de algún trabajo donde los detalles fueron especialmente importantes…

El cartel de San Isidro, que estuvo a pie de calle y lo vio muchísima gente es uno de mis trabajos recientes favoritos, en cuanto a la importancia del detalle. Como fue una campaña de carteles y publicidad exterior en la ciudad, creo que aunque local, fue una exposición muy intensa a la audiencia durante dos semanas. Era un ramo de flores, con mucha atención a los detalles, estaba todo muy cuidado. Es uno de los trabajos que más respuesta positiva he recibido de la gente, no tanto del cliente, que suele ser lo habitual. Creo que la gente entendió ese lenguaje y valoró los detalles.

Nos ha encantado Georgica, tu vajilla para La Cartuja de Sevilla. Sabemos que hay una pieza que te fascinó especialmente, la bandeja con el pai-pai decorado con un ojo… ¿Cuéntanos qué tiene de especial ese diseño?

Esa pieza en concreto es una imagen de un objeto que perteneció realmente a las mujeres de Grey Gardens. El resto de elementos de la vajilla son más evocadores. Era un objeto real, que formaba parte de la memorabilia de la casa. Me gustó tanto que quise reproducirlo al detalle, reproduciendo incluso el trenzado del mimbre. Tengo además especial fijación con los ojos, me gusta mucho dibujarlos. Es lo que más atrapa al espectador, lógicamente. Algo que nos mira al otro lado…

Para acabar, ¿en qué estás trabajando ahora mismo?

Estoy preparando una instalación con las cervezas Alhambra para el Festival Flora de Córdoba y estoy trabajando en unas campañas con Joyería Suárez. Llevo varias temporadas colaborando con ellos en campañas, escaparates, etc. También preparo una exposición para principios de 2018 en La Fábrica, se tratará de obra de pequeño formato para La Pared Roja.  

 

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