El arquitecto argentino Diego Gronda lleva más de dos décadas dedicado al diseño de hoteles, restaurantes y espacios de ocio en firmas globales como Tony Chi & Associates o Rockwell Group. Como director creativo de estos estudios, ha liderando proyectos de interiorismo en ciudades tan dispares como Londres, Beirut, Muscat, Dubai, Mumbai, Bangkok, Tokio y Los Ángeles, todo ello desde Nueva York. Más recientemente, el arquitecto ha querido abrir una nueva etapa en una escala más pequeña, fundando su propio estudio Studio Gronda, con base en Madrid (donde se instaló para dirigir la división europea de Rockwell Group) para poder cumplir una regla auto impuesta:

“Durante toda mi carrera, siempre tuve una regla de oro con mis clientes: en todo momento, yo debería ser capaz de dibujar a mano la totalidad de los proyectos que lideraba”. 

Sin embargo, el trabajo en los grandes estudios internacionales, donde llegó a coordinar más de 25 proyectos, complicaba poder ser fiel a esa máxima.

Diego Gronda

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Tras abandonar una prometedora carrera en Buenos Aires para viajar a Nueva York y, años más tarde, dejar la Gran Manzana para instalarse en Madrid, considera la fundación de su propio estudio su tercer “salto al vacío”:

“Durante mis 20 años liderando creativamente grandes empresas de diseño, tuve la oportunidad de diseñar los proyectos más exigentes, extravagantes y diversos que yo pueda imaginar. Fueron años maravillosos. Sin embargo, con el tiempo comencé a necesitar volver a mi esencia, a lo que realmente me hace feliz: el diseño puro. Mi primer año en Studio Gronda fue una vuelta a los orígenes, a un trato más humano con el equipo, los clientes y el diseño. Hemos formado un equipo maravilloso y ese es nuestro mayor logro”, explica orgulloso el arquitecto. Con el deseo expreso de mantener una estructura mediana (se ha marcado un máximo de 14 diseñadores), Gronda explica que la nueva escala le permite “pensar en más profundidad ideas originales, que  causen un impacto positivo en el mundo”.

diseño de hoteles, Diego Gronda

Hotel nómada en Qatar by Studio Gronda

Y realmente, el currículo acumulado durante esos años es tan prestigioso como diverso en términos geográficos (Gronda explica que puede llegar a viajar de una punta a otra del mundo varias veces a la semana): varias localizaciones de los famosos restaurantes (y luego hoteles) Nobu, restaurantes para chef “mediáticos” como Gordon Ramsay (en Doha) o José Andrés (donde firmó el local Jaleo en Las Vegas) u hoteles de cadenas como W, Le Meridien o, uno de los proyectos recientes de los que más orgulloso se siente, el Virgin Hotel de Chicago o el hotel “nómada” Al Muntajaa Al Waha en Qatar.

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Virgin Hotel de Chicago

El diseño de interiores como experiencia

En todos sus proyectos, Gronda busca “diseñar alrededor de una experiencia”, algo que le ha obsesionado desde que empezó su carrera. El arquitecto explica que esa es la estrategia que está detrás de todos los proyectos: “Se trata de no solo diseñar un contenedor, sino contemplar como este será utilizado por los distintos usuarios y el personal. Cuando se diseña con la experiencia como punto de partida, es fundamental conocer plenamente el usuario final del edificio. Dedicamos mucho tiempo a comprender el usuario final de cada proyecto que materializamos. Este ejercicio, en muchos casos, nos lleva a desprendernos de nuestros gustos personales”.

Y es que su sello personal, explica, se basa precisamente en no tenerlo (al menos en términos estéticos): “Nuestra intención es siempre crear conceptos creativos y funcionales que creen un vínculo emocional con los usuarios. De esa forma, potenciamos una lealtad hacia el concepto que repercute en el éxito del negocio de los clientes”.

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Clubhouse, floating terraces, Hotel nómada en Qatar by Studio Gronda

La visión desde “el otro lado”

Esa capacidad para ponerse en la piel del usuario que le ha convertido en uno de los mayores y más reputados expertos en el diseño de establecimientos de hostelería y hoteles, le viene del que fuera su mentor Tony Chi. Chi creía que, para diseñar un restaurante, el diseñador tenía que conocer la labor que allí se hace: entender los recorridos que hacen los camareros, el estrés de determinados momentos, las necesidades que pueden surgir a lo largo de un servicio. Es decir, entender qué hace el usuario en el espacio y cómo facilitar su trabajo y, en consecuencia, que lo lleve a cabo más feliz y relajado.

Así que Gronda dedicó algún tiempo a servir mesas y a entender el funcionamiento de la hostelería desde dentro, un aprendizaje que sigue aplicando:

“Haber estado del otro lado del usuario final fue una experiencia maravillosa y enriquecedora. Considero que una de las cualidades más importante de un arquitecto es el comprender con precisión a su cliente y a los usuarios del proyecto” Al fin y al cabo, continúa Gronda, “lo que diseñamos se ve influido por decenas de factores ajenos a la arquitectura. Conocer y experimentar con dichos factores nos ayudarán a completar un proyecto más especial, mágico y eficiente. Si diseñamos un resort o un museo donde las circulaciones son caprichosas o la funcionalidad no es aparente, el usuario final tendrá una mala impresión del establecimiento”.

“Cuanto más conozcamos los protocolos de operación de cada compañía hotelera, cuanto más conozcamos a su target más preciso y eficiente será nuestro producto final”. Y como muestra, pone uno de sus proyectos más recientes y exitosos, el Virgin Hotel en Chicago. “Sir Richard Branson nos pidió crear una marca de hoteles donde los usuarios serán hombres y mujeres en una proporción del 50%. Los paradigmas del diseño de un hotel business están pensados para un usuario masculino. Esto nos llevó a cuestionar muchos aspectos de estos hoteles: ¿por qué son armarios unisex cuando la ropa es distinta? ¿por qué se asume que se trabajará en un escritorio cuando ahora podemos trabajar donde nos plazca? El resultado fue un cambio de paradigma para la industria hotelera en Estados Unidos”, cuenta Gronda.

diseño de hoteles, Diego Gronda

Virgin Hotel de Chicago

El espacio como storytelling

Para crear una experiencia es necesario dar significado a los espacios, aportar una capa de contenido al diseño. “Cuando diseñamos un proyecto, siempre va acompañado de una narrativa. Un texto que explica en profundidad la esencia de nuestra obra y su razón de ser. Cuando divulgamos nuestras narrativas con los distintos empleados de un proyecto, le proveemos de herramientas para interactuar con los futuros clientes o huéspedes. Este simple gesto mejora inmensamente la experiencia final del usuario” cuenta Gronda. Es el caso de Jaleo, donde se trató de recrear la experiencia de un típico bar de tapas español en Las Vegas. Al no poder incluir las tradicionales servilletas y cabezas de gambas dispersos por el suelo, Gronda diseñó un pavimento donde aparecían esos elementos en bronce. Eran los camareros los encargados de explicar el porqué de esos falsos desperdicios. De esta forma se transmitía un aspecto cultural de la experiencia a la vez que se fomentaba el vínculo entre el personal del restaurante y los comensales.

Estos pequeños detalles, eso sí, no deben ser obvios, deben ir desvelándose al usuario de forma progresiva, como en una suerte de seducción.  En ese sentido, Gronda no valora especialmente los “elementos histriónicos” que se incorporan a hoteles y restaurantes que, aunque garantizan cobertura mediática, no aseguran un éxito perdurable. En Studio Gronda, en cambio, recurren a un diseño “con varias capas que no permiten una lectura apresurada de un espacio. El descubrimiento es lento y se extiende en el tiempo. Es un factor muy importante. Los espacios que diseñamos poseen múltiples transformaciones para que el dueño pueda ¨modificar¨ la experiencia del espacio en días especiales o para eventos específicos.” Es decir, los espacios se convierte en lugares vivos, que fomentan relaciones y pueden transformarse para acoger distintos usos y usuarios. Como ejemplo, Gronda se remite a su proyecto más reciente. El recién inaugurado restaurante Tatel en Miami. “Allí enmarcamos dos enormes reproducciones del cuadro de “Chicos en la playa” de Sorolla. En el mismo espacio siete pantallas gigantes en el falso techo proyectan un vídeo de una mujer nadando a la luz de la Luna. Lleva un tiempo en descubrir los abundantes paralelos entre ambas imágenes, entre la visión de la playa en el siglo XIX y el XXI. Ya estamos trabajando con nuevas obras de arte de los grandes pintores españoles. Las posibilidades de transformación son infinitas.”

El arte de detallar, según Diego Gronda

Atender a todos los detalles del proyecto y cargarlos de significado forma parte, como ya hemos visto, de la filosofía de Studio Gronda. “Detallar es una arte presente no solo en la arquitectura, sino en todo lo que hacemos”, cuenta el arquitecto, “está en todas partes. Mies van der Rohe dijo aquello de que Dios está en los detalles, dudo que fuera una persona muy creyente. Su frase se refiere a la importancia que tenían estos elementos en la obra. Estoy de acuerdo con él en que Dios, o la naturaleza, si no somos religiosos está presente en todo lo que nos rodea, el arte de detallar está también presente en todo lo que hacemos.”

Su obsesión con los detalles viene de largo, ya desde que cursaba sus estudios de arquitectura en Buenos Aires: “Allí coincidí con un gran amigo, Takazuki Nagajima, que me abrió los ojos a los valores de la sociedad japonesa, una de las más obsesionadas con el detalle. En Japón, el detalle tiene también un componente simbólico, puede comunicar muchas cosas”. Es precisamente ese valor del detalle como parte de una narrativa el que más le ha interesado desarrollar a Gronda: “Los detalles pueden ser bellos pero también pueden tener una carga simbólica es algo que no siempre se relaciona con el arte de detallar. Son los embajadores que muchas veces conectan la obra con el usuario. En muchos casos, son la parte táctil de la arquitectura, es lo que está más cercano a nuestras manos, a nuestros sentidos, un detalle bonito nos impulsa a desear tocarlo, sentirlo, a deslizar los dedos por sus contornos”. Respecto al aspecto simbólico, Gronda ve los detalles como parte de una narrativa única para cada uno de sus proyectos. “No hay forma correcta de diseñar. Nuestro trabajo consiste en crear una obra única para una persona o un entorno también únicos”. Sobre eso se creará una narrativa que “los detalles deben apoyar”.  

Eso sí, no hay posibilidad de crear (ni de disfrutar) de los detalles sin un factor fundamental: el tiempo: “Está directamente relacionado con el tiempo. Esa es precisamente una de mis mayores frustraciones, la falta de tiempo para detallar cómo a mí me gustaría. Incentivo a las personas que colaboran en mi equipo a intentar dedicarle ese tiempo, aunque el detalle no sea percibido por todos, pero sí por algunos. Y eso ya cuenta”.

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