De la mano de la revista Neo2, cinco profesionales del diseño y la arquitectura nos cuentan cómo perciben y trabajan los detalles en su ámbito creativo, compartiendo con nosotros multitud de referencias personales. Se suman así a la comunidad de Detailers impulsada por la firma española Simon, que ya ha organizado dos encuentros en Barcelona y Madrid. Una llamada a todo profesional de una disciplina creativa que realice un trabajo minucioso y que valore especialmente la atención por los detalles. Para empezar con esta serie de publicaciones sobre Detailers, compartimos la reflexión del diseñador Cristian Zuzunaga.

El diseñador Cristian Zuzunaga

El diseñador Cristian Zuzunaga

 

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Hace siete años que pasó de dedicarse a la tipografía a montar su propia marca de accesorios textiles. “El detalle en un diseño es aquello que nos indica que su autor está despierto y sigue buscando elementos diferenciales en su trabajo”, apunta. “Yo trabajé la tipografía como se hacía antiguamente, de manera analógica: con letras y palabras reales, de plomo o madera. Estas tienen peso y volumen, son modulares y autónomas, no digitales e intangibles. Fue a través de la tipografía que entendí el valor del detalle”.

En este sentido uno de sus proyectos más destacados es la colección de cortinas Skyline que ha desarrollado para Kvadrat. “En ellas el detalle radica en la capacidad de trabajar el color y la distancia entre hilos para que confunda nuestro sentido de la vista. Los colores aparecen con brillo y no se entiende muy bien cómo se ha producido. Desde la distancia parece que sea algo impreso pero cuando te vas acercando te das cuenta que son hilos tramados de manera fácil y elegante. Es precisamente la distancia entre ellos lo que hace que nuestros sentidos se confundan positivamente”, explica. Entre sus referentes en el mundo del diseño y la arquitectura está el Modernismo. “Los modernistas querían obviar los detalles barrocos que no aportaban nada.

Consiguieron diseños esenciales pero aun así tenían detalles que les ayudaban a complementar sus obras”, cuenta. También el uso del color y la forma en las escuelas Bauhaus & De Stijl, que fue lo que hizo de sus detalles un éxito, como por ejemplo la silla de Rietveld, “con sus líneas tan marcadas y esenciales sin los colores rojo y amarillo perdería potencia”.

The read Blue Chair de Rietveld

The read Blue Chair de Rietveld

Destaca asimismo el mármol utilizado en el pabellón de Barcelona por Mies van der Rohe “que es lo que nos acerca a la naturaleza. Sin la textura, color y forma del mármol, el pabellón sería frío y deshumanizan”. Recomienda la intencionalidad y sorpresa que imprime Hella Jongerius a sus diseños así como la obra del ceramista Xavi Mañosa y su marca Apparatu. “A veces es el color o el poro, la suavidad o la textura inesperadamente encontrada lo que me fascina de su trabajo”.

 

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