La arquitectura racionalista pone en marcha su poderosa influencia durante las primeras décadas del siglo pasado como rechazo a la ornamentación excesiva a la que habían derivado movimientos como el Modernismo. El contexto histórico, además, apoyaba esta nueva visión funcional de la disciplina, gracias a los avances que se estaban produciendo en la industria pero también las necesidades que imponía una nueva clase obrera que llegaba en masa a las ciudades. La solución debía estar en una arquitectura donde lo funcional primara sobre lo estético.

 

La máxima de la arquitectura racionalista: Form follows function

Que la forma debe obedecer a la función (y no al revés) sigue siendo uno de los principios elementales que guían la actividad de la arquitectura y el diseño. Esa máxima tiene su origen en la Escuela de Chicago que, también a principios del siglo XX sentaría las bases no solo de los grandes logros de la arquitectura moderna, también, sino también de la disciplina actual. La máxima, atribuida a Louis Sullivan, hace referencia a que todas las características de un edificio, desde su tamaño a su distribución debían derivar de su función. En ese sentido, lo estético procede siempre de haber respondido correctamente a las necesidades y funciones que un edificio debe cumplir.

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La Villa Savoye reúne algunos de los principios de la arquitectura moderna que estableció Mies van der Rohe en su práctica.

A este lado del Atlántico, la arquitectura racionalista encontraría sus referentes en el trabajo del arquitecto suizo Le Corbusier o el alemán Mies van der Rohe. Respecto al primero, a través de sus “cinco puntos de una nueva arquitectura” sienta los principios que marcarán el desarrollo de la arquitectura del último siglo. Así situar la planta baja sobre pilotes (que permitieran la circulación o estacionamiento del automóvil); las plantas libres que, gracias al “nuevo” hormigón armado permite distribuir de forma independiente las plantas; las fachadas libres, como las plantas, estas se liberan de su función estructural, dando libertad al arquitecto para componerla libremente.

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De la misma forma, esta nueva ligereza en las fachadas favorece la situación de grandes ventanales alargados, permitiendo una mayor entrada de la luz solar. El exterior también cobra protagonismo con la “terraza-jardín”, donde las cubiertas de los edificios se aprovechan creando un espacio de ocio con terrazas ajardinadas que (nótese la actualidad de este punto) ayudaban a aislar térmicamente el edificio. Una buena muestra de la aplicación estricta de esos principios es la Villa Savoye, sobre estas líneas.

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El edificio de la Bauhaus en Dessau fue un avanzado diseño de Walter Gropius.

Respecto a Mies van der Rohe, sentó las bases de la arquitectura moderna en Occidente, ya que los inicios de la Segunda Guerra Mundial propiciaron su emigración desde su Alemania natal hasta Chicago. En los años treinta dirigió la Bauhaus de Dessau (en la foto superior, su emblemática sede, diseñada por Walter Gropius) aunque el ascenso del nazismo frustraría para siempre este proyecto clave de la modernidad. Con su llegada a Chicago, van der Rohe haría realidad su sueño de construir grandes rascacielos acristalados que dieran respuesta a las nuevas necesidades de vivienda de la avanzada (respecto a la Europa en guerra de la época) sociedad americana.

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Los Lake Shore Apartments de Chicago son una muestra icónica de la arquitectura de rascacielos de aspecto ligero que arrancó en esta ciudad norteamericana.

 

La arquitectura racionalista en nuestro país

Pese a la parálisis cultural que supone la dictadura franquista, pocos años antes de la Guerra Civil, los ecos de esta arquitectura llegarían a nuestro país. Así, en 1930 se funda en Zaragoza el grupo GATEPAC (siglas de Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporáneas) cuya sección catalana (llamada GATCPAC) fue la que más influencia tuvo en nuestro país. 

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En octubre de 1930 se funda en la capital aragonesa el grupo GATEPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), cuya sección catalana, el GATCPAC, fue la más activa. El objetivo de este grupo de profesionales era precisamente promover la arquitectura racionalista que encontró el mejor aliado en los valores sociales de la efímera Segunda República española. 

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Una muestra insólita de arquitectura en nuestro país, el Club Naútico de San Sebastián, es una obra del GATEPAC.

Una de las primeras obras (y que sigue estando entre las más emblemáticas) de este colectivo es el Club Náutico de San Sebastián, de los arquitectos José Manuel Aizpurúa y Joaquín Labayen. Con su aspecto de moderno crucero ancorado en la ciudad, vemos que responde a varios de los puntos que se convertirían en las bases de la arquitectura del siglo XX. Así, tiene una estructura portante sobre pilotes, una fachada libre con grandes ventanales alargados y una gran cubierta plana. El interior consiste en grandes plantas abiertas, donde los diferentes espacios se separan por cortinas y superficies acristaladas.

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El edificio Saboney de Santander es una extraña muestra de las nuevas corrientes de funcionalidad con elementos Art Decó y otros procedentes de la herencia cultural de la zona.

Perteneciente a ese mismo grupo y de la misma época es el edificio Siboney de Santander que abraza varias corrientes de los años 20 del siglo pasado, aunque parece no haberse sacudido completamente la influencia del Art Decó. La influencia racionalista se mezcla con otros elementos más decorativos inspirados en la arquitectura naval en una construcción única en nuestro país.

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La Casa Bloc es uno de los hitos del movimiento GATCPAC: un edificio donde la función social de la arquitectura prima sobre cualquier otro principio.

Aunque sería la Casa Bloc (en Barcelona y de autoría del GATCPAC, sobre estas líneas) donde los principios sociales del movimiento arquitectónico llegarían a su cúspide. Firmada por Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana, es un edificio de viviendas del distrito de Sant Andreu en Barcelona. Está concebido (y sigue siendo su función) como un conjunto de viviendas funcionales destinadas a obreros. El proyecto también recibe influencia del Eixample barcelonés en su disposición de zonas exteriores ajardinadas para el disfrute de los habitantes de estos modestos y modernos pisos.

 

Una influencia persistente

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La recién inagurada bodega Gai-Kodzor (Rusia) bebe de las fuentes de este estilo arquitectónico.

Los principios de esta arquitectura han guiado la actividad hasta nuestros días. Un buen número de arquitectos siguen inspirándose en las formas desnudas y el funcionalismo a la hora de enfrentarse a un proyecto. Claro que hay notables excepciones, como la arquitectura de autor, que parecía reinar durante la década pasada. Sin embargo, no resulta difícil encontrar construcciones con aires racionalistas cuando hojeamos una revista especializada o visitamos algún blog con las novedades de la profesión. Es fácil ver el espíritu de van der Rohe en la bodega de Gai-Kodzor (Rusia), un proyecto finalizado hace pocos meses que firma el estudio aleman Kleinewelt Architekten. Se trata de un espacio abierto e integrado en el paisaje que, además de producir vinos, sirve también de museo, tienda y espacio de divulgación de la cultura del vino (se trata de un proyecto inspirado en las bodegas “de autor” francesas, italianas y españolas. Todas esas funciones, más cercanas a unas instalaciones culturales públicas que a un espacio de producción de vino, condicionan la distribución. La bodega además incluye un patio en el centro que estructura la circulación por el interior.

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La Casa Mach está construida con bloques de hormigón, que contrasta con la ligereza de la fachada y su fluida estructura interior.

Sobre estas líneas, la Casa Mach (en Argentina) juega con la materialidad del hormigón, cuyos bloques y placas componen la totalidad de la escultura. El hormigón en este caso tiene grabadas las vetas de la madera utilizada en el encofrado, que le han dado una interesante textura que añade calidez. De nuevo, vemos la influencia de los clásicos del siglo pasado, como la fachada frontal de cristal o la piscina situada frente a la casa, que aporta reflejos a su fachada.

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Auditorio del despacho italiano de arquitectos Studio Fuksas en Roma.

También resulta fácil ver ecos de la arquitectura de Chicago y sus “cajas de cristal” en este recentísimo proyecto del Studio Fuksas, que vemos sobre estas líneas. Se trata de un gran auditorio y salón de convenciones con más de 55.000 metros cuadrados. Una gran caja de acero y cristal inspirado en el funcionalismo de los años 30 envuelve una gran nube de aspecto estructural que acoge el auditorio. Se trata de un proyecto que une respeto por la tradición racionalista, a la vez que incorpora una sensibilidad “de autor” en esa estructura en forma de nube y que está construido teniendo en cuenta uno de los valores que más preocupan en la práctica actual de la disciplina: la sostenibilidad y la eficiencia energética. Una interesante puesta al día de un referente que no deja de influirnos más de 80 años después.

 

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