El sueño de una arquitectura simple, con piezas intercambiables, producidas de forma industrial y capaz de ser ensamblada por cualquier persona, como si de una silla de Ikea se tratara, no es algo nuevo. La arquitectura modular, con piezas prefabricadas, lleva más de medio siglo ejemplificando el futuro de la disciplina. Y no es de extrañar, una arquitectura asequible, sin necesidad de grandes intervenciones, escalable según las necesidades de la persona u organización en cada momento (y por lo tanto, más sostenible) es algo nos parece de gran actualidad.

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La Torre Nakagin Capsule, un proyecto “futurista” de arquitectura modular que data de los años 70. Proyecto: Kisho Kurokawa

Y sin embargo, ya en los años 60 aparecen las primeras muestras de esta arquitectura modular, que con una estética futurista, quieren ofrecerse como solución a una sociedad industrializada y con una creciente población urbana. Es el caso de la Torre Nakagin Capsule del arquitecto japonés Kisho Kurokawa (sobre estas líneas) y que data del año 1972. El curioso edificio forma parte del efímero Movimiento Metabolista nipón que trataba de apoyar un necesario resurgir cultural del país asiático tras la guerra. El edificio está formado por 140 cápsulas prefabricadas de minúsculas dimensiones (2’3 x 3’8 x 2’1 metros) que funcionaban como microapartamento u oficina, en la línea de los pod hotels del país.

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Hábitat 67. Proyecto: Moshe Safdie. Complejo de viviendas de distintos tamaños a partir de unir módulos de hormigón prefabricados.

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Otros primeros experimentos de arquitectura modular

Un proyecto menos claustrofóbico pero de vocación igualmente ambiciosa es el complejo de viviendas Habitat 67 (situado en Montreal, Canadá) que firmó hace casi medio siglo el arquitecto de origen israelí Moshe Safdie. El complejo se construyó mediante 354 módulos prefabricados de hormigón dispuestos de forma distinta y en combinaciones diferentes hasta alcanzar las 12 planta de altura. El resultado son 146 viviendas con tamaños distintos (que van desde un único módulo a ocho de estas unidades conectadas) para satisfacer diferentes estilos y formatos de familias.

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Residencia de estudiantes de la Universidad de Utrecht

La preocupación medioambiental y la voluntad de reciclar elementos no constructivos y darle nuevos usos favoreció la proliferación de proyectos durante la pasada década que tenían el contenedor metálico como centro. La idea era “recuperar” este elemento tan común y barato, que no ha dejado de proliferar en nuestros puertos con la globalización, y reutilizarlo para dar respuesta a crecientes necesidades de vivienda accesible (pero también equipamientos sociales o culturales) que la burbuja inmobiliaria favoreció durante los primeros años de este siglo. La propuesta, que sigue contando con adeptos, fue evolucionando hacia una arquitectura comercial, incluso efímera, para eventos y marcas (como la célebre ciudad Puma). Aunque cuenta con representaciones más que dignas, como las viviendas para estudiantes de la Universidad de Utrecht, que vemos en la imagen superior.

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Microbiblioteca en castillo de Ljubljana. Proyecto: OFIS Arhitekti

Independientemente de los derroteros que tomara la arquitectura con contenedores, sigue siendo una influencia a la hora de plantear proyectos de arquitectura modular. Es el caso de la “microbiblioteca” a modo de pop up que propone el estudio esloveno OFIS Arhitekti para el castillo de Ljubljana. Pese a que en la imagen (sobre estas líneas) no parece excesivamente espacioso, la propuesta es de tres módulos de 2’5 x 4’5 x 2’7 metros donde cabe confortablemente una persona. Estas unidades están diseñadas para encajar una cama, una cocina y un baño, aunque en este proyecto se han utilizado a modo para recrear una pequeña biblioteca.

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Arquitectura modular para situaciones de emergencia

Donde este tipo de arquitectura ha demostrado mayor capacidad de impacto es en situaciones de emergencia por desastres naturales o conflictos armados. La posibilidad de enviar casas (o escuelas o dispensarios médicos) económicas, por piezas y de fácil construcción a población necesitada puede resolver, de forma temporal, problemas de refugiados, desplazados o poblaciones que han sufrido algún tipo de violencia o desastre natural.

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Complejo escuela Jordania. Building Peace Foundation. Para más de 3000 niños y jóvenes en un campo de refugiados.

En ese sentido, destaca la propuesta (sobre estas líneas) del conjunto de escuelas que la organización no gubernamental italiana Building Peace Foundation ha construido en un campo de refugiados sirios en Jordania. No es baladí el hecho de que sea un colegio, devolver a los niños la posibilidad de continuar con sus clases además de colaborar a que la guerra no hipoteque su futuro, provee una rutina y “normalidad” que ayuda a que niños y niñas mejoren su bienestar emocional en estas situaciones extremas.

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Better Shelter. Proyecto: IKEA. Viviendas con piezas que se ensamblan sin necesidad de herramientas y en unas pocas horas.

Otro proyecto de viviendas e instalaciones modulares y prefabricadas que ha hecho correr ríos de tinta (y de píxels) es el que, bajo el nombre Better Shelter, ha puesto en marcha el gigante sueco Ikea en colaboración con ACNUR (el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados). Ikea propone estas construcciones modulares que, igual que sus muebles, vienen por piezas en dos paquetes planos de 80 kilogramos cada uno. Se necesitan unas cuatro personas, unas pocas horas y ningún tipo de herramienta para montarlo. Cada uno de estos refugios incluye un panel solar que alimenta una luz LED así como un puerto USB donde poder cargar teléfonos móviles. Al tratarse de un sistema modular, la unidad básica puede albergar a una familia o grupo de cinco personas, pero los módulos pueden unirse para crear construcciones más complejas que acojan otro tipo de servicios básicos.

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Hotel White Desert. Cúpulas de fibra de vidrio dan respuesta a las dificultades de construir en entornos extremos.

Con un planteamiento similar (plantear una construcción en un entorno de duras condiciones) pero una función mucho más lúdica, destacan las pequeña casas circulares que, colocadas en el lejano Antártico sirven para hospedar a turistas amantes de las experiencias extremas pero que quieren disfrutar de todo tipo de comodidades. Este particular hotel, llamado White Desert, se compone de seis pequeñas cúpulas realizadas en fibra de vidrio que acogen un pequeño dormitorio para dos personas. Estas se complementan con otras construcciones idénticas que albergan la cocina, comedor, una sala de estar y una pequeña biblioteca. Las casitas están situadas sobre una plataforma de madera aseguradas al suelo mediante cables de acero.

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Casa Koda. Proyecto: Kodasema

Otro de los fenómenos que hemos visto proliferar en los últimos años, y que incluso disponen de sus propios programas de televisión, son las “minicasas”. Son pequeñas viviendas que reúnen en unos pocos metros (desde apenas 10 hasta poco más de 50) todas las comodidades de un hogar moderno gracias a ingenios en el diseño (aprovechamiento de altillos, mobiliario plegable o multifunción, etc). Con esta moda han proliferado las opciones de casitas prefabricadas que pueden agrandarse añadiendo módulos.

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Casa Koda. Proyecto: Kodasema. Fotografía: Tonu Tunnel

El estudio de arquitectura estonio Kodasema ha desarrollado su Casa Koda, diseñada específicamente para suplir la necesidad de viviendas asequible en el Reino Unido. Esta casa, como los albergues de Ikea, también llega por piezas y, su precio (150.000 libras) incluyen la construcción, instalaciones, preparación del terreno e incluso asesoría legal en materia de construcción. La casa se ofrece como una solución a medio plazo que permita vivir cómodamente mientras accedemos a una vivienda definitiva, pero también puede ser una primera oficina o taller para profesionales que dan los primeros pasos por su cuenta.

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Casa de veraneo en la elitista isla de Martha’s Vineyard. Proyecto: Peter Rose

Pudiera parecer que este tipo de arquitectura está al servicio de situaciones de emergencia o de cierta temporalidad. Sin embargo, los principios de la arquitectura modular se aplican también en viviendas de lujo. Como es el caso de esta segunda residencia en Martha’s Vineyard (la isla de la costa este norteamericana donde, entre otros, veraneaban los Kennedy). Esta casa, diseñada por el arquitecto canadiense Peter Rose se compone de ocho cubos de cemento. La propuesta parte de las características del terreno que despertó dudas sobre la capacidad de soportar una construcción de más de 300 metros cuadrados. La respuesta del arquitecto fue crear estas cajas de hormigón que pueden recolocarse si el terreno así lo exige. Esas precauciones no han impedido que se consiga una vivienda de auténtico lujo, con amplios dormitorios, muebles de diseño y interiores forrados de madera maciza.

 

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