Toda obra nueva mira al pasado, al presente y al futuro. El pasado aporta experiencia, analizar el presente trata de dotar al proyecto de sentido común, y el futuro sólo puede que motivar a expresar la arquitectura sobre escenarios hipotéticos en base a tendencias sociales, expectativas de los creativos y la innovación que permita experimentar fórmulas nuevas.

Independientemente de la incertidumbre, la intención en crear mejores edificios tiene en cuenta aspectos como la sostenibilidad, la perdurabilidad de la obra en el tiempo, nuevos materiales que puedan dar juego, o la eficiencia en la construcción.

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Sin embargo la estética en la arquitectura futurista es casi un lenguaje que permite leer a través de distintas épocas y movimientos, la visión de los proyectistas sobre escenarios utópicos, una arquitectura ultramoderna, -como la de antonio sant’elia – o la ambición de la humanidad por alcanzar el más allá (como la luna el centro de la tierra o el espacio submarino) y llevar estilos de vida más modernos que el contemporáneo.

Archigram, uno de los máximos exponentes del movimiento que en los años 60 buscaba nuevas realidades a través de proyectos utópicos y el ‘Antidiseño’, es una de las inspiradoras referencias sobre arquitectura futurista para todos aquellos soñadores más preocupados por proyectar sobre el futuro que sobre el presente. Y la literatura está cargada de referencias que se hilvanan como en la famosa cúpula geodésica de Richard Buckminster Fuller.

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cúpula geodésica de Richard Buckminster Fuller.

Michael Webb, miembro de Archigram, impartió la conferencia inaugural   del FAD Fest de Barcelona este año mientras se construía un auditorio en el exterior del museo del diseño (Disseny Hub), proyectado por el joven estudio CODA – Computational Design Affairs, quienes claramente cuentan con Webb y  Buckminster Fuller entre sus referentes.

El diseño que recuerda a los ejercicios buckminsterfulianos, consistía en una gran cáscara reticular colgada de 400 m2 bajo la cual se ubicaba un auditorio de gran capacidad. Para llegar a realizar una arquitectura futurista que hubiera sido dibujada en el pasado como escenario de ficción, la innovación en lo computacional juega un papel fundamental. En este caso se llevaron a cabo métodos de cálculo en un entorno de modelado paramétrico.

Su intención era defender una High-tech design con low-tech fabrication, donde los nuevos paradigmas del diseño, más esfuerzo en computación deberían reducir la huella ecológica de las construcciones. Y es que la arquitectura de formas está ligada a la capacidad del hombre por dominar la física y las matemáticas. La ingeniería moderna ha dado pie a que extravagantes edificaciones de arquitectos tenaces en imprimir su sello orgánico, como Zara Hadid o Frank Ghery, pudieran, acompañados de las proezas de algunos nuevos materiales, plasmar lenguajes arquitectónicos con aroma a futurismo.

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Centro Cultural de Heydar Aliyev (2013) – Bakú, Azerbaiyán

El Metropol Parasol de Sevilla de Jürgen Mayer o el Media ITC de Barcelona proyectado por Ruiz Geli, denotan este dominio del lenguaje matemático. En el primer caso la obra en sí misma, como gran pérgola, sugiere ser un modelo estructural visto desde la pantalla del ordenador cuando nos muestra el esqueleto interior de un modelado en 3D.

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Metropol Parasol de Sevilla de Jürgen Mayer

En el caso del Media ITC además se percibe la búsqueda de organicidad de la fachada. Uno de los retos de la arquitectura futurista es el conseguir fachadas que imiten la piel del mundo animal y con ello aportar propiedades a los edificios como flexibilidad, movimiento o transpiración, considerando que la vida en el interior será más afable que los rígidos muros de hormigón.

Cabe pensar que el alarde de tecnología desmesurada puede dar lugar a edificios anecdóticos. Aunque de todos se pueda extraer una lección para llevar a cabo una arquitectura sostenible a la par que estética y futurista, solo algunos rasgos penetran en las tendencias de construcción del día a día. Las líneas orgánicas forman parte de estos rasgos que se dan de forma extrema, como se ha dado la altura en los rascacielos a partir de la invención del ascensor y la posibilidad técnica de construir en elevada altura.

Arquitectura futurista

Burj Al Arab de Dubai

Las hábitos de la ciudad del futuro forman parte de la forma de diseñar las construcciones. Y así como Ildefons Cerdà hace más de 150 años proyectó que el ensanche barcelonés debería tener amplias calles y esquinas achatadas para facilitar la circulación de los automóviles (y que sustituirían a los carros de caballo), el funcionamiento del transporte del futuro será uno de los aspectos clave que genera más literatura e imaginación para dibujar arquitectura futurista.

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Ildefons Cerdà

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Vista aérea del eixample barcelonés, diseñado por Ildefons Cerdà

 

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